Cuenta Santiago Rosales, actual mandón —quien porta el bastón de mando del pueblo— que él aprendió las coreografías de su padre Domingo a los trece años y que se dedicó después a enseñar a los niños más pequeños. Ahora su hijo continúa con la tradición, asegurando así que las generaciones venideras continúen danzando para San Juan, y asegurando también una relación de aprendizaje y comunicación entre adultos y menores, lo que no es poca cosa en estos tiempos.